Durante esos días, Milán funcionó a otro ritmo, el diseño se desbordó del calendario formal y tomó la calle: el público circuló entre exhibiciones, intervenciones en casas privadas, instalaciones y charlas que se extendieron hasta la noche.
En el centro de esta dinámica se mantuvo el Salone Internazionale del Mobile, que celebró una nueva edición del 21 al 26 de abril en el recinto de Rho Fiera Milano. Fundada en 1961, la feria continuó funcionando como una plataforma de experimentación e intercambio en la que se presentaron nuevas tipologías domésticas, avances materiales y tecnológicos, y una mirada cada vez más amplia sobre cómo evolucionan los modos de habitar.
Se observó un corrimiento del objeto hacia la experiencia, con instalaciones que transformaron espacios existentes en entornos inmersivos y reforzaron una lógica más cercana a la curaduría que a la exhibición tradicional. Al mismo tiempo, la ciudad operó como un circuito creativo en expansión de la mano de distritos y plataformas independientes que hicieron de la ciudad un soporte activo del diseño.
En ese entramado, también se afianzó la integración entre disciplinas. Las marcas de mayor proyección reforzaron su presencia con propuestas que combinaron diseño, artesanía y puesta en escena, diluyendo cada vez más los límites entre moda, interiorismo y arte. El resultado fue una edición que no solo presentó novedades, sino que dejó en claro un cambio en la manera de producir, exhibir y experimentar el diseño contemporáneo. Estas son algunas de las tendencias que dejó el Salone del Móbile en su última edición.
Entre lo efímero y lo adaptable
Una de las presencias más visibles fue la del mobiliario inflable. Sillones, sofás y estructuras de aire aparecieron como una alternativa ligera, flexible y fácilmente transportable, pero sobre todo como una forma distinta de pensar el uso del espacio. Frente a la lógica tradicional, estas piezas introdujeron una condición más temporal y adaptable, en línea con modos de vida menos rígidos. Un must de este universo inflable fue la línea que presentó IKEA con una nueva serie de piezas icónicas.
La cocina como estructura del espacio
En paralelo, la cocina terminó de afirmarse como un elemento proyectual. Deja de pensarse como equipamiento para integrarse a la arquitectura, con una continuidad material que elimina cortes visuales y refuerza la lectura del espacio como un todo. Volúmenes compactos, superficies continuas y frentes sin interrupciones construyen una presencia más cercana a la de un plano que a la de un objeto.
Futuros posibles en clave sensorial
La estética vinculada a la ciencia ficción atravesó muchas de las propuestas, aunque lejos de una lectura tecnológica o industrial. Superficies brillantes, materiales translúcidos y una iluminación envolvente construyeron atmósferas que remiten a futuros posibles desde un registro más emocional. La nueva consigna es construir atmósferas en las que la percepción, el color y la luz tienen un rol central en la forma en que se experimenta el espacio.
El baño como sistema integrado
El baño dejó de presentarse como una unidad aislada para integrarse a una visión más amplia del hogar. Materiales, tecnología y bienestar se articulan en propuestas en las que este espacio se entiende como una extensión del ámbito doméstico con un nivel de desarrollo proyectual comparable al de otros ambientes.
En este contexto, AXOR presentó una serie de novedades que refuerzan esta idea como la nueva colección desarrollada por Barber Osgerby y un objeto arquitectónico para la ducha diseñado por Antonio Citterio, que sintetiza funciones en una única pieza integrada al muro.
Diseño como experiencia
El formato expositivo también mostró un cambio claro. Las marcas dejaron de presentar objetos aislados para construir entornos completos, donde la escenografía, la luz y el recorrido tienen un rol tan importante como las piezas. La instalación de Buccellati llevó esta lógica a una escala inmersiva, con una puesta inspirada en una reinterpretación de Atlantis que combinó ilustración, referencias históricas y objetos en una experiencia envolvente.
Tecnología que desaparece
Otra de las líneas más claras fue la integración discreta de la tecnología. Lejos de lo visible, las innovaciones se incorporan sin alterar la pureza formal. En esta dirección, Roca presentó nuevas soluciones que integran funciones de higiene avanzada en piezas de apariencia esencial. Los sistemas incorporan lavado y secado de forma casi imperceptible, manteniendo una estética sobria que prioriza la continuidad visual. La tecnología queda contenida dentro del objeto y se manifiesta únicamente en la experiencia de uso.

Bienestar como eje del espacio doméstico
El bienestar ganó centralidad, especialmente en el universo del baño. Instalaciones vinculadas al vapor, el agua o el sonido mostraron una expansión hacia experiencias más sensoriales. En Gessi, esta tendencia se expresó a través de Rituale del Vapore, presentado en Casa Gessi Milano. Se trata de un sistema que introduce vapor desde arriba, envolviendo el cuerpo de manera inmediata y transformando la ducha en una experiencia más inmersiva. Su integración en duchas estándar, sin necesidad de modificaciones estructurales, permite trasladar al ámbito doméstico una idea de bienestar que hasta hace poco pertenecía a espacios especializados.
El valor de lo hecho a mano
La artesanía tuvo una presencia fuerte, muchas veces en diálogo con lenguajes contemporáneos. Piezas únicas o de producción limitada reforzaron una mirada que pondera el tiempo, el oficio y la materialidad. En el circuito de 5VIE Design District, colaboraciones como la de Natalia Criado con talleres locales mostraron cómo lo artesanal puede integrarse a composiciones espaciales más amplias, donde los objetos domésticos adquieren una dimensión casi ceremonial.
Diseño como objeto de colección
El crecimiento del diseño coleccionable terminó de consolidarse con la presencia de piezas únicas o ediciones limitadas que circulan en un registro cercano al arte. Plataformas como Artemest avanzaron en esa dirección con colecciones que combinan artesanía y diseño contemporáneo, pensadas para perdurar y escapar a la lógica de lo efímero.
Materialidad como punto de partida
Uno de los ejes más consistentes fue el rol del material como origen del proyecto, capaz de definir la identidad de los espacios. Esta tendencia se traduce en el último lanzamiento de Laufen, Vitreon, un material desarrollado para lavamanos de alta gama que combina la resistencia del acero con la suavidad del vidrio. Su superficie lisa, higiénica y resistente a los arañazos responde tanto a exigencias técnicas como estéticas, ampliando el repertorio formal del baño contemporáneo y reforzando la idea de durabilidad como valor.

El baño como espacio habitable
Finalmente, el baño confirmó su transformación en un ambiente plenamente integrado al hogar. La distancia con otros espacios se reduce y aparece una continuidad tanto material como conceptual.
La propuesta de Antoniolupi llevó esta idea a una escala arquitectónica con el Domus Antoniolupi, un espacio concebido como una secuencia de ambientes inspirados en la casa romana. Diseñado por Giorgio Rava, el proyecto se organizó en torno a un núcleo central y propuso distintas interpretaciones de la relación entre baño y estar. La elección deliberada de materiales como el roble Evo y el mármol Botticino, construyó una atmósfera elegante, moderna y minimalista.


