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Las mujeres de la Bauhaus
A pesar de formar parte de la mayor Escuela y legado de la historia del diseño global, las mujeres que transitaron la Bauhaus lo hicieron bajo la sombra de sus colegas masculinos que las superaron en visibilidad, aunque no siempre en talento.
El próximo año se celebrará el centenario de la creación de la Bauhaus y muchas serán las formas de conmemorar el legado de esta escuela a nivel global y por tantas generaciones. Una de ellas seguramente consistirá en una revisión del rol que han tenido las mujeres que no han trascendido a la par de sus colegas, a pesar de superarlos en cantidad en la matrícula de ingreso.
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Al fundar la Escuela en el año 1919, Walter Gropius tuvo la intención de rescatar el valor del trabajo artesanal en contraposición a la creciente industrialización, sentando un precedente como pionero, dando la bienvenida a las mujeres.
Estas se volcaron a la institución en proporciones a veces superiores a las de los hombres para formarse en diseño y artes. Con el objetivo de frenar esa asimetría inicial, pronto se cayó en la estrategia de relegarlas a talleres de disciplinas de menor protagonismo con el argumento de que las mujeres eran talentosas para pensamiento y ejecución en dos dimensiones (tejidos, pintura) y los hombres en tres (arquitectura, escultura, diseño industrial).
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Lo anterior, además de un contexto donde las mujeres no sobresalían o tenían escasas oportunidades fuera de su casa, es tal vez la causa de una omisión en la historia del diseño donde la Bauhaus es referencia ineludible.
Es así que los hombres lideran la difusión, especialmente en el período en que Mies Van der Rohe dirigía la institución, alrededor de 1930; de hecho, cuando uno piensa en la Bauhaus, los nombres que suelen venir a la mente son Paul Klee, Wassily Kandinsky, Moholy Naguy o Josef Albers.
Muchas diseñadoras trabajaron codo a codo con sus compañeros en obras, objetos y trabajos en conjunto o independientes. La de ellas es una historia de perseverancia y talento: algunas se rebelaron o actuaron colaborando con sus colegas, en una época que más adelante se tornó candente debido a la guerra. El exilio e incluso los campos de concentración signaron muchos de los días finales de varias de ellas.


Algunos ejemplos relevantes:
Lilly Reich:
Diseñadora alemana, estrecha colaboradora y socia de Mies Van del Rohe por más de una década hasta la emigración del segundo a USA.

Trabajó en proyectos como los edificios para la exposición Werkbund, la casa Tugendhat o el pabellón alemán para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.

Cuando Mies es nombrado director de la Bauhaus, invita a Reich a impartir un taller en la Escuela y la nombra directora del taller de diseño de interiores y tejidos, conviertiéndose así en una de las pocas profesoras que tuvo esta escuela.

Para muchos no parece casual que el éxito de Mies esté estrechamente relacionado con el período en el que trabajó con Reich.
Hay varias coincidencias, además del hecho de que Mies no diseñó ningún mueble trascendente fuera de los tiempos en que interactuaron, y sus dos piezas más famosas, las sillas Barcelona y Brno, tienen su firma.
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Gunta Stölz:
Stoltz fue alumna, profesora y directora del taller textil, es decir, pasó por todos los estamentos académicos. Durante la 2ª Guerra, luego de casarse con un compañero judío y ser acosada por colegas de derecha, se trasladó a Suiza donde continuó ejerciendo.
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Anni Albers:
Como tantas otras, Albers ingresó en la Bauhaus con la intención de formarse en pintura, pero la política de la escuela solo le permitió entrar en el taller textil. Influenciada por su profesor Paul Klee, su estilo era reproducido en sus telares en formas tan innovadoras que incluso su trabajo de graduación consistió en un tejido insonoro, reflectivo y lavable (realizado con algodón y celofán) para una sala de conciertos.

Más tarde conoció allí y se casó con Josef Albers, con quien recorrió Europa cuando los nazis cerraron la escuela en 1933 por considerarla un centro de subversión. Viajaron a USA invitados por Philip Johnson y trabajó para empresas como Knoll y Rosenthal.

Fue la primera mujer artista textil que tuvo una exposición monográfica en el MoMA de Nueva York.
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Es allí en Estados Unidos donde hoy en día la Fundación Josef & Anni Albers en New Haven, Connecticut, custodia el legado de ambas figuras.
Marianne Brandt:
Se abrió camino en la escultura, por entonces dominada por hombres, a quienes superó rápidamente bajo el ala de su mentor, el pintor húngaro László Moholy-Nagy, a quien acabó sustituyendo como directora del taller en 1928.

Sus lámparas sencillas, elegantes y funcionales en forma de globo han sido durante años un icono del diseño y una seña de identidad de la Bauhaus.
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La Bauhaus tiene una cuenta pendiente con este tema, y quizá el próximo año, de celebraciones y memoria, sea la oportunidad para que el mundo rinda homenaje a la inmensa y vanguardista obra de estas talentosas profesionales
Fuentes: Yorokobu, Knoll, Artsy, The Guardian, Artspace, Archdaily, Frieze, New York Times