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Foster Foundation
Fundación Norman Foster en Madrid: La consolidación de todas sus pasiones y carrera, en 1.500m2.
En junio del pasado año quedó inaugurada la sede de la Norman Foster Foundation en el barrio de Chamberí en Madrid; desde entonces, es un punto alto de la agenda de lugares de interés en la capital española.

La sede ocupa un palacete construido en 1912 para el duque de Plasencia, en el número 48 de la calle Monte Esquinza, donde los inmuebles rondan los 7.000 euros el m2. El terreno fue adquirido por 9 millones de euros a un cliente a quien Foster le diseñó su sede luego de operar en esa residencia: Bankia.
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El proyecto casi no ve la luz debido a trabas del ayuntamiento, con oposiciones que cruzaron dos gobiernos: el de Ana Botella y el de Manuela Carmena. Las objeciones de la comisión de patrimonio de la ciudad anotaban “demasiado protagonismo del estilo Foster” que no merecía la arquitectura valiosa preexistente.
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El propio arquitecto, a pesar de sus muchos logros y categoría estelar en la profesión ha defendido el valor de la actitud humilde frente al contexto, como los ejemplos de las construcciones repetitivas de los “crescent” en Londres o de las veras de los canales de Amsterdam: no siempre la arquitectura contemporánea debe ser notoria, invasiva o contrastante con respecto a su entorno, a veces vale más una actitud de simple acompañamiento o complementar un edificio valorable por sí solo.

De esa forma, y luego de demoras por dos años y riesgo de suspensión, el proyecto supo evolucionar a un formato en que no alteraban un ápice la estructura, y avanzar a su apertura en el marco de un Foro “Future is now” con presencia de 1800 invitados (1100 eran estudiantes de 30 universidades españolas) y personalidades como Jonathan Ive, Michael Bloomberg, o Alejandro Aravena.
En esa oportunidad, la directiva de la institución también comunicó el nombramiento de su directora, la historiadora de la Arquitectura y comisaria María Nicanor, que ha trabajado en el Victoria & Albert Museum de Londres y en el Guggenheim de Nueva York.

La Fundación tiene fines educativos, de preservación de archivos de su obra (otrora diseminados por el mundo en sus diversas oficinas), de investigación sobre materiales innovadores, robótica, 3D, mobiliario y de experimentación de proyectos singulares como el aeropuerto de drones.

Este último ha sido el primer proyecto concretado como iniciativa de la Fundación, exhibido en la pasada edición de la Bienal de Arquitectura de Venecia. Se trata de un edifico destinado exclusivamente a recepción consolidación de paquetes y envíos transportados en drones complementando con eficiencia a comunicación entre servicios de hospitales regionales en África.
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Aeropuerto de Drones - Presentación en Bienal de Venecia - Proyecto de Aeropuerto en África
El archivo consolidado abarca desde la década de los cincuenta hasta la actualidad, posee más de 74.000 documentos, incluyendo dibujos y planos, material fotográfico, maquetas, correspondencia, cuadernos de bocetos y objetos personales. Estudiantes, investigadores y público en general podrán acceder al material a través de la web y con visitas guiadas.
La Norman Foster Foundation fomenta el pensamiento y la investigación interdisciplinar para ayudar a nuevas generaciones de arquitectos, diseñadores y urbanistas a anticiparse al futuro
Como dice el propio arquitecto en la presentación de su edificio:
_ Dicen que si uno desea atisbar el futuro primero debe volver la vista atrás para ver las lecciones del pasado. Repasando mis cinco décadas y media de experiencia profesional, hay varias lecciones que influyen en la creación y en la propia naturaleza de la Norman Foster Foundation, y en los ideales que debería fomentar.
Hay muchos factores que están en la génesis de un diseño, pero para mí uno de los más importantes es la Historia. Si te fascina el futuro, por fuerza necesitas apasionarte del pasado, porque están absolutamente ligados. Y el problema es que el sistema educativo contempla la Historia como un compartimento aislado.

La verdadera colaboración entre campos aparentemente inconexos del diseño y el pensamiento es uno de los ejes de una concepción holística de la que yo y numerosos compañeros hemos sido pioneros. Esto es incluso más relevante en la actualidad, a medida que las poblaciones se trasladan a las ciudades y hacen frente a nuevas interacciones con la inteligencia artificial, la robótica, las demandas energéticas y el cambio climático.

En mis primeros años como arquitecto tomé conciencia de los inconvenientes que entraña el concebir los edificios de forma aislada, y ya hemos visto los efectos negativos de esa tendencia en las últimas décadas. Yendo más allá de la arquitectura, como urbanista apasionado por la mejora de la calidad de vida en las ciudades, sé que el diseño de nuestra infraestructura es el reto definitivo.
Son los espacios intermedios los que ejercen de nexo urbano entre las estructuras individuales.


Existen cuatro recursos: materiales, tiempo, dinero y, sobre todo, energía creativa. El objetivo de la Fundación es informar y canalizar la energía creativa de la juventud para anticiparse al futuro.

Las semillas para que esos ideales cobraran vida y para el nacimiento de la Fundación, fueron sembradas por primera vez en 1999 cuando recibí el Premio Pritzker de Arquitectura en una ceremonia en Berlín y, con él, una dotación de cien mil dólares.

Mi mujer, Elena, me recordó el valor que para mí tuvieron mis viajes por Europa mientras estaba en la universidad, viajes que pude realizar porque había ganado varios concursos para estudiantes. Elena propuso que utilizáramos los fondos del premio Pritzker para crear una Fundación con un programa que ofreciera becas de viaje para estudiantes de arquitectura de todo el mundo.

El plan surgió en colaboración con el Royal Institute of British Architects (RIBA), que cuenta con más de cien escuelas de arquitectura afiliadas en más de treinta países repartidos por los cinco continentes.

A partir de este proceso, se tomó la decisión de ubicar una sede física en Madrid, una ciudad vibrante que mantiene fuertes vínculos profesionales y culturales con nuestra familia y con excelentes conexiones y posibilidades para una fundación independiente de la entidad ya existente de Londres pero con un alcance global.

Algunos de los proyectos de experimentación en los que interviene la Fundación son por ejemplo:

_ La colaboración con Altán Redes para diseñar y desarrollar un programa de Centros Cívicos Conectados (CCCs) en México.
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Proyecto México
_ Junto a socios nigerianos se trabaja para una estrategia piloto en Nigeria con la capacidad de satisfacer la necesidad de construir escuelas locales por todo el país de forma rápida.
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Proyecto Nigeria
_ Con la Rothschild Foundation, se proyecta actualizar y expandir los originales Waddesdon Stables, localizados en Waddesdon Manor Estate

_ Y el Droneport que es el primer proyecto construido de la Norman Foster Foundation.

El lugar, cuyos interiores combinan perfectamente las terminaciones más clásicas con materiales y líneas de vanguardia, aloja colecciones de objetos en cantidades y calidad superiores. 74.000 piezas que datan desde 1950 al presente: desde un auto que perteneció a Le Corbusier a un modelo del Apple Park todo reflejado en cristales más o menos reflectivos.
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Una de las galerías está exclusivamente dedicada a modelos de todos los aeropuertos en los que Foster ha intervenido.
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Si bien el matrimonio Foster tiene su residencia a pasos del lugar, no espere encontrarlos allí, Foster viaja continuamente en su Falcon 900 (es diseñador de aviones y piloto por la RAF) alrededor del mundo, proyecta y construye en 50 países simultáneamente, y dirige un equipo de más de 1.000 personas.
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Su cuenta de Instagram es todo lo que necesita para comprobarlo, ver la capacidad de trabajo y también de actividades deportivas que tiene. Luego de operaciones al corazón, corre casi todos los días entre 30 y 70 kilómetros, según su agenda, participa en maratones y cuando no, esquía en montaña, hace paddle board y todo lo que gente que se dice joven y ocupada tiene aún en pendientes.

Norman Foster es originario de Manchester y con 83 años, es uno de arquitectos más influyentes del mundo. Recibió el Premio Pritzker de Arquitectura en 1999 y el Príncipe de Asturias de las Artes en 2009. Además, fue nombrado caballero por la reina británica Isabel II en 1990. En Madrid, donde su estudio tiene oficina, es autor de la Torre Bankia, uno de los cuatro rascacielos del norte del paseo de la Castellana. Está casado desde 1996 con la galerista y editora española Elena Ochoa.
Fuentes: Norman Foster Foundation, Dezeen, Ivory Press, El Pais Madrid, Expansión.